Mi motivación principal es la queja, sobre todo si genera ideas que nos llevan al interior humano y social y permiten señalar, cuestionar o denunciar. ¿Por qué hacemos lo que hacemos, quiénes somos, qué valores sostenemos? De esas observaciones nacen los proyectos.
Trabajo en teatro y artes escénicas desde los quince años, y siempre lo menciono porque moldeó mi forma de pensar y crear; actualmente trabajo como montajista, que mantiene la misma dinámica. Cuando imagino algo nuevo, no pienso en una obra: pienso en un proyecto. Esa interdisciplina está presente en mis obras: pueden apreciarse de manera aislada, pero cobran sentido al comprenderlas como parte del conjunto.
Me gusta la imagen, el texto, el caos, y ser redundante y contradictorio. Me atrae la poética directa y cruda, y las relaciones honestas. Me intriga la sexualidad como integración del cuerpo y la esencia interior.
Con los años descubrí que tener el título de diseñador de interiores era tan literal como su nombre lo indica: el diseño de interiores… de humanos, sociedades y almas. Eso es lo que me interesa: pensar nuevos interiores de lo que nos sucede y nos atraviesa. También es una disciplina que requiere análisis, proyecto y ejecución.
Está de moda hablar de lo que nos convoca, pues a mí me convoca la problemática humana: las limitaciones, decisiones, fantasías, soluciones imposibles que imaginamos y las preguntas sin respuesta.
Todo esto, sin ponerse solemne. Fantasear, flashear cualquiera y hablar sin saber es lo más divertido del mundo. Revindico observar a los demás, criticar y chusmear como un gran ejercicio: sirve para entender el contexto ajeno, abrir el sentir propio y mantenernos conectados, socavando el individualismo. Que alguien se indigne porque otros intenten solucionar todo con tapping, o se alegre cuando las masas se ponen de acuerdo en un cambio común, es igual de fascinante.
Así es como me nutro: de soluciones, propuestas, delirios y planes futuros, y sobre todo del caos que idílicamente intento ordenar. El desastre, visto desde afuera, está tan cerca de la incomodidad y la angustia como de la belleza y el magnetismo, casi como el dolor lo está del placer.
Luciano Lomastro